PEREGRINACIONES

VISITA AL VATICANO

Con motivo de las Bodas de Oro de la Cofradía se organizó un viaje a Italia los días 3 al 12 de Septiembre de 1993, cuya gestación se inició dos años antes. Entonces no podíamos conocer que en las fechas elegidas para nuestro viaje coincidirían con la visita apostólica que Su Santidad realizó a los países de Lituania, Estonia y Letonia. Por ello, durante nuestra estancia en Roma no pudimos tener visita con Su Santidad Juan Pablo II. No obstante dejamos constancia de nuestra visita y entregamos en la Secretaría del Vaticano, un programa de las Bodas de Oro y una insignia de plata con el emblema de nuestra Cofradía, para que los hicieran llegar a Su Santidad.

A través del Vicesecretario del Arzobispado de Zaragoza, D. Carlos Pintado Estoval, nos llegó un escrito de la Secretaría de Estado del Vaticano, firmado por Mons. L. Sandri con el texto siguiente:

“Su Santidad Juan Pablo II saluda con particular afecto a los miembros de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Agonía y de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos o del Silencio y les alienta a ser siempre testigos de los genuinos valores evangélicos en la sociedad española renovando su compromiso cristiano como constructores de paz, fraternidad y armonía. Al mismo tiempo invita a todos a un decidido empeño por dar nueva vitalidad a la devoción cristóliga y mariana, que vaya acompañado por una creciente formación cristiana, una más activa participación en la vida litúrgica y caritativa de la Iglesia, que se traduzca en un ilusionado dinamismo apostólico. Con estos deseos, y bajo la mirada misericordiosa de la Santísima Virgen, el Sumo Pontífice se complace en impartir, en prenda de la constante asistencia divina, la implorada Bendición Apostólica”.

VISITA A LA VIRGEN DE LOURDES

Dias 21 y 22 de Junio de 1997.

Estos dos días los aprovechó la Cofradía para peregrinar a Lourdes (Francia). Un emotivo viaje del que una hermana nos dejó este recuerdo:

“Son las seis de la mañana cuando desde la orilla del Ebro y muy cerca del Pilar, salimos en peregrinación hacia Lourdes. Una vez instalados en el autobús, el Hermano Mayor dirigió un saludo a todos los peregrinos y rezó para que el viaje fuera un éxito y que, cada uno de nosotros, consiguiera aquello que llevaba previsto pedir a la Santísima Virgen. Rezamos todos juntos siguiendo el viaje; todavía algo somnolientos paramos en un restaurante muy cerca de Jaca para desayunar. Allí estiramos las piernas y cada uno según su apetito, desayunó o almorzó.

Al reanudar el viaje nos encontramos con una carrera ciclista, la más larga que habíamos visto nunca pues el fugaz colorido no terminaba nunca de pasar (3.000 participantes), tanto es así que el chófer desistió de ir por el itinerario previsto y, en lugar de subir el Somport continuamos el viaje por la estación de Formigal y el Puerto del Portalet. Este cambio de itinerario y la espera de la carrera ciclista, hizo que llegáramos a las Cuevas de Bétharram cuando ya estaban cerradas.

Nos acomodamos para comer, pero enseguida comenzó a llover y estando tan cerca de Lourdes, decidimos seguir hasta llegar al hotel para cambiarnos de ropa y descansar. Nada más llegar comenzó el diluvio por lo que los despistados que no llevábamos paraguas tuvimos que salir a comprar impermeables, cosa que nos hizo ir a muchos de nosotros uniformados.

Lourdes es una ciudad preciosa, pues el río Gave, que la cruza le dá una serenidad dentro del bullicio de las tiendas y el cosmopolita ambiente que la hace diferente a otras ciudades. A las cuatro de la tarde fuimos a la bendición de enfermos, que tuvo lugar en la Capilla de S. Pío X, ya que seguía lloviendo. Sobrecoge ver tantos enfermos en sillas de ruedas o camillas y con la devoción y fé que pedían a Nuestra Señora su curación. Un acto impresionante que nos dejó una profunda huella. Seguía lloviendo, pero a pesar de ello, al ir a la Gruta, todos los creyentes, que éramos muchos, y de todas nacionalidades y países, queríamos tocar las húmedas paredes por dónde descienden tantos milagros que la Santísima Virgen quiere hacer a sus fieles.

De allí tuvimos tiempo libre que algunos aprovecharon para ver la casa de Bernardette o comprando souvenir, medallas, rosarios, etc. Cenamos pronto y salimos para la procesión de las Antorchas. Comenzó ésta con muchos devotos y también enfermos en sillas de ruedas. Era emocionante, y solamente la lluvia, que, cada vez arreciaba más, quitaba esplendor al acto, con todos los farolillos encendidos. Terminó deprisa pues, ya era un verdadero diluvio lo que caía. Llegamos al hotel tan mojados que optamos por secarnos y acostarnos pronto.

En la mañana del día 22, a las nueve, y después de haber desayunado, salimos para hacer el Vía Crucis. Subimos el pequeño montículo, lleno de figuras a tamaño natural, describiendo la pasión. Lo hicimos con gran recogimiento y resultó un acto muy participativo y emotivo. Nos despedimos cantando una jota a la Virgen del Pilar y de Lourdes, a lo que se unió un grupo de Fuentes de Ebro que nos habían escuchado. Después de hacer unas fotos del grupo fuimos a oír la Santa Misa en español y también aquí se nos unió un grupo de italianos. Al terminar recorrimos las distintas Basílicas y de nuevo a la Gruta para despedirnos de la Virgen.

Una vez comidos emprendimos viaje de regreso, amenizado por los cantores de la Cofradía. Volvimos a Bétharram, pero, estaba tan solicitada la entrada que desistimos y seguimos viaje hasta parar en Jaca, para merendar y tomar un café, todo ello siempre con la hermandad que nos caracteriza y compartiendo nuestras viandas.

Llegamos sobre las nueve de la noche, después de haber rezado con el Hermano Mayor dando gracias por un viaje que, a pesar de la lluvia, estamos dispuestos a repetir cuando se disponga.

VISITA A LA VIRGEN DE FÁTIMA

Del 1 al 3 de Mayo de 1998 la Cofradía peregrinó a Fátima. Un viaje de 72 horas intensas, pues el viaje se inició a las cero horas del día 1 y terminó a las 24 del día 3. Hay dos modos para contemplar este viaje, el más importante visitar a la Virgen y exponerle lo que cada uno lleva guardado, propio y de encargo. El otro modo era aprovechar para visitar lugares tan espectaculares como Cáceres, Salamanca, Batalha o Nazaré. Naturalmente no todas estas ciudades pueden contemplarse con la tranquilidad que uno desea.

Sin lugar a dudas la finalidad principal del viaje era visitar el Santuario de Fátima. De manera individual cada uno de los peregrinos pudieron hacerlo el primer día del viaje. Al día siguiente, ya en grupo, coincidimos con una reunión de jóvenes, procedentes de España y de otras partes de Europa. Poder contemplar una explanada grandísima repleta de antorchas, portadas en su mayoría por esos jóvenes, da cuenta de la gran devoción que se tiene por este Santuario.

El mismo día tuvimos la celebración de la Santa Misa en una pequeña capilla adjunta al gran complejo que conforma la propia Basílica y sus aledaños. La parte musical estuvo a cargo de un grupo de nuestra Sección de Instrumentos.

Durante el camino en autobús muchas películas de video, música con instrumentos increíbles y canciones y un buen humor que nos permiten realizar de un modo muy agradable unos grandes recorridos que, en este caso, nos situaron en Cáceres desde Zaragoza para terminar en Fátima y desde allí hasta Salamanca para visitarla, hacer el almuerzo y volver al punto de inicio, Zaragoza.

VIAJE A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y COVADONGA

A la vuelta del Santuario de Fátima, el año anterior, ya había quedado fijada la meta para nuestro viaje del 99. Al fin y al cabo, el Año Jacobeo y su Jubileo tenían el suficiente “gancho” por sí solos como para hacer apetecible una peregrinación. Pero, además, se había apuntado la posibilidad de rendir una visita a nuestra Madre en uno de esos rincones de fábula donde “ha costumbre” realizar sus apariciones, en Covadonga sin ir más lejos.

A las once de la noche del 22 de Abril, con la oración del peregrino por delante, subíamos a los dos autobuses que iban a conducirnos hasta la primera etapa de nuestro viaje. En esta ocasión fueron necesarios dos vehículos. 

Una vez llegados a Santiago, repartidas las habitaciones y con nuestro cachirulo al cuello con el emblema de la Cofradía, a las doce del mediodía nos esperaba la Misa del Peregrino, presidida por el Arzobispo de Santiago Monseñor Antonio Barrio y concelebrada por un buen número de sacerdotes que acompañaban a los grupos de peregrinos. Parece que en la homilía nos confundieron con la Cofradía del Silencio y la Parroquia de San Pablo de Zamora. Nos unimos en la celebración con las cofradías de la Dolorosa y de las Siete Palabras de Zaragoza y contamos con la presencia del Obispo de Ciudad Rodrigo con un grupo de su Diócesis, de peregrinos de Salamanca, del movimiento scout de todo el mundo, entre otros muchos grupos.

Ya por la tarde, dos buenos amigos de Santiago de Compostela, dos teólogos por más señas, nos enseñaron y explicaron los entresijos del Convento de San Martín y la Catedral. Con todo lujo de detalles, con la entrada por la Puerta Santa de este año nos adentramos en la Catedral para rezar ante el sepulcro del Santo Apóstol, darle el abrazo del peregrino y visitar a la Virgen del Pilar en su capilla jacobea. Entonamos nuestro himno a la Virgen, rezamos y nos despedimos de nuestra Madre a nuestro estilo, con jotas. Fue un acto sencillo, pero muy entrañable y que dejó su huella en nuestros corazones. A otros muchos peregrinos que se encontraban en ese momento en la catedral les llenaría de extrañeza.

La segunda etapa de nuestra peregrinación nos llevó hasta Covadonga. En Cangas de Onís, muy cerquita del Santuario, el puente de la Victoria nos esperaba majestuoso y con su Cruz colgante que remite a la Otra Victoria que conocemos por nuestra pertenencia a la Cofradía del Silencio y por el cariño que le tenemos a nuestro Cristo de la Agonía. En la explanada de Covadonga hubo foto de grupo, celebramos la misa del peregrino y nos fuimos a la Gruta para darle gracias a la Santina por dejarnos llegar hasta ella y llevarle nuestras flores que ya presagiaban el mayo inmediato. No faltaron el Himno de la Cofradía y unas jotas también para la Virgen. 

En el camino de vuelta, la mañana del domingo amaneció amenazadora. Las nubes nos acompañaron rumbo a Santander, en nuestra parada en San Vicente de la Barquera, y las nubes destilaron el agua que casi convierten uno de los autobuses en barquito velero. La playa del Sardinero nos recibió cantábrica y casi ni se notó nuestra presencia en la capital. La vuelta fue chistosa, vimos el gran fichaje vasco (el imponente Guggenheim” desde las ventanillas del bus) y hubo gran merienda de despedida y llegada otra vez a casa.

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