POEMAS Y DEDICATORIAS

ANTE EL PASO

¡Silencio! La pena es tanta
para estos ojos humanos,
que el luto de los hermanos
enmudece mi garganta.

El gran pecado me espanta
en las tinieblas del día;
y al pasar la Cofradía,
viendo que ya se me muere,
yo le digo “Miserere”
al Cristo de la Agonía.

Emilio Lalinde

SILENCIO. SÓLO EL SILENCIO

Silencio. Sólo el silencio
del Cristo ensangrentado,
inerme y solitario
que ya no habla
porque habló entre agonías y silencios.

Silencio penetrante
de cruz y cielo negro,
Golgotha sombrío,noche sin luna,
rumores de cercana agonía.
Silencio. Sólo el silencio.

VIERNES SANTO

¡Mirad la Virgen Blanca!
Esa azucena con el rostro transido.
con ese hermoso gesto dolorido,
que el alma tiene de amargura llena.

Sus cofrades le miman y engalanan;
la requiebran, amantes,
y en su rosario prenden, anhelantes
gozos y penas: todo cuanto aman.

Ha empezado el solemne Miserere
y un ángel entra al coro;
el custodio del templo, de alas de oro,
que a la Coral ayuda, anima y quiere.

Nuestro Padre Jesús de la Agonía
tiembla en su Cruz, en tanto,
viendo las perlas convertirse en llanto,
en las suaves mejillas de María.

¡Señor! Por ese llanto que redime,
perdónanos, piadoso,
y en Tu costado abierto y amoroso,
dale refugio, al que a Tus plantas gime.

Pilar Navarro (1963)

POR SER DE DIOS VOLUNTAD

Cristo, tal alto en la cruz clavado,
que no te vemos humano,
solo humilde y misterioso
cuando descolgado estás,
en esa capilla hermosa
donde está la Dolorosa,
Madre tuya y madre nuestra
por ser de Dios voluntad.

Viendo de cerca esas manos,
por el dolor retorcidas
tan humanas, tan divinas,
que, acariciarlas quisiera
para quitar esos clavos
que, yo misma, alguna vez
te clavé con mis pecados
sin darme cuenta siquiera.

Y, ese hermosísimo rostro
de espinas ensangrentado,
con el gesto desgarrado
para poder exclamar,
haciendo un último esfuerzo:
“Todo está cumplido, Padre”
Padre tuyo y padre nuestro
por ser de Dios voluntad.

Raquel Sobrado 

MIRA A CRISTO

Ya sale la Cofradía
del Silencio, de San Pablo.
Ya sube Cristo la cuesta
un trono de luz y flores
prepararon los hermanos.

Se pone en marcha el cortejo,
los hermanos van despacio,
llevan el rostro cubierto
van rezando y van llorando.

Orad, dijo Cristo un día,
orad por vuestros pecados.

Mira, Hermano del Silencio,
mira a Cristo, y en sus ojos,
que están casi cerrados,
verás un ruego de Padre.

!Hijo! ¿Qué quieres que haga
para que seas salvado?

Cristo predica en silencio,
es el dolor quien te habla.
¡Y tú te quejas de todo!
Mira a Cristo, llora y calla.

J.M.R.A. Año 1960

DOLOR EN TU AGONÍA

Y te veo morir, Señor del Mundo
clavado en esa Cruz y escarnecido;
y te veo morir, el pecho herido
por la lanza que abrió surco profundo.

Y te veo, Señor que, moribundo,
aún devuelves el bien con tu latido,
y perdonas a aquel que te ha ofendido
para hacer el perdón ancho y fecundo.

El amor, con amor, Señor, se paga;
y a tus miembros que están mudos y yertos
y a tu pecho que sangra en viva llaga
con estos mis amores hoy despiertos,
tu angustia enjugaré, porque embriaga
el calor de tus brazos siempre abiertos.

Gustavo Adolfo (1955)

AL HIJO DE DIOS EN SU AGONÍA

¿Por qué mi Dios, porqué? Injustamente
quisiste padecer tanto tormento,
porqué tanto castigo y sufrimiento
¿porqué mi Dios, porqué?. Siendo inocente.

¡Supremo Juez! Amigo omnipotente,
con dolor y profundo sentimiento
reconozco mi culpa y me arrepiento
de todo corazón humildemente.

Cuantas veces a Tí, Jesús amado
sin piedad mis pecados te han herido,
cuántas veces Señor, os he olvidado.

Si creo en el perdón por Tí, ofrecido,
en tu gloria, en tu amor, y en tu reinado,
¿porqué mi Dios, porqué? Os he ofendido.

Avelino Mendoza

A JESÚS CRUCIFICADO

Sólo un Dios, al morir crucificado,
puede tener sereno su semblante.
Sólo Tú, ¡oj Jesús!, dulce y amante,
puedes quedar así glorificado.

Manso el gesto, Señor, atormentado
por un largo martirio agonizante,
en tus labios abiertos hay, fragante,
un clavel de clemencia amoratado.

¡Me conmueve, Señor, que mis pecados
por tu sangre me fueran redimidos
y te pido, Señor, que de tal suerte
por tu dolor me sean perdonados,
y que, cuando adormezcas mis sentidos,
me des la placidez de buena muerte!.

N. Fontanillas

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